¿Tus hijos están arruinando tu relación?

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La llegada de los hijos es una verdadera crisis para la relación de pareja ya que dejamos de ser dos para ser familia, y en ese cambio de “estado de la relación”, los roles de padre y madre pueden terminar devorándose a los de hombre y mujer, y más todavía el de “pareja de”. Es que ¡cuántas veces escucho en la consulta “si es tan buen padre o tan buena madre”, pero no me pesca! ¡Miles de veces! O ¡cuántas veces escucho “se pone de parte de nuestros hijos y en contra mía” ¡Otras tantas más!…

Así es, nuestros amados querubines, sin ninguna mala intención, pueden llegar a interponerse, conflictuar o dificultar la relación de pareja. Por querer ser excelentes padres muchas veces terminamos descuidando la relación de pareja, haciendo realidad esas frases de los pequeños, que derriten a más de alguno, que expresan “la mamá es mía…el papá es mío” ¿No me cree? Aquí le cuento de qué manera los adultos permitimos que nuestro rol parental y los mismos niños atentan en contra de nuestra relación de pareja.

  1. No han dormido bien en meses: ya sea porque tienen un hijo recién nacido que despierta aproximadamente cada dos o cuatro horas durante la noche para tomar leche. O bien tienen hijos pequeños que “no perdonan” y están saltando en tu cama desde las seis de la mañana. Esta falta de sueño muchas veces se transforma en irritabilidad o desgano hacia el cónyuge, lo que lo aleja o al menos no incentiva a la cercanía.

Mis consejo: apóyense para despertar en las noches y entretener a los hijos por la mañanas, así ambos descansan de vez en cuando y no albergan rencores del tipo “yo soy la única o el único que…”.

2. Mayores obligaciones que aumentan el estrés: con el objetivo de “darle lo mejor a nuestros hijos” comienza la presión de trabajar más para ganar más dinero, así como también la presión de que no les falte afecto, atenciones y cuidados; volviéndose prioridad número uno los hijos, dos el trabajo, tres el ratito que tengo para descansar y con suerte la cuarta mi relación de pareja.

Mi consejo: trate de priorizar a su pareja al menos una hora a la semana y creen un espacio de reencuentro de los dos al menos una vez a la semana. Y recuerde el dinero no hace la felicidad y los niños no necesitan un papá o mamá perfecta sino que unos suficientemente buenos.

3. Diferencias con respecto a la crianza: con la llegada de los hijos aparecen conflictos antes inexistentes en la línea de “cómo se tienen que hacer las cosas” y “que es mejor para ellos” y muchas veces en vez de llegar a negociaciones y acuerdos uno intenta imponer su modo al otro, dando pie a críticas y sobre exigencias por y para alguna de las partes.

Mi consejo: practiquen la flexibilidad y la capacidad de negociación. Valores los aportes y no sea perfeccionista, los hijos son de ambos.

4. Intervención de la familia extensa en su vida intima: lo que era un espacio de dos con la llegada de los hijos abre la posibilidad de que terceros cuidadores como abuelos, suegros y otros amigos y familiares intervengan con ayuda y comentarios que no siempre son bienvenidos; dando pie a peleas del tipo “dile a tu mamá que” o “¿Por qué permites que tu hermana?” o “por qué no me apoyaste cuando le llame la atención a”

Mi consejo: aprenda a poner límites, trabajen en equipo y mantengan una mirada positiva y agradecida a todos aquellos que les ayudan y permiten que tengan un ratito para ustedes.

5. División de los roles de cuidadora y proveedor: Muchas parejas al llegar los hijos se polarizan en los roles tradicionales de género donde él siente que “cumple con su parte con trabajar durante todo el día” y que al llegar a la casa “le toca ser atendido, no molestado o descansar” Y ellas sienten que “han cumplido con estar todo el día en torno a los hijos y las necesidades del hogar” (trabajen o no) y que cuando llega el papá “les toca hacerse cargo o al menos colaborar” comenzando un sinfín de discusiones sobre “lo debido y lo justo”.

Mi consejo: corresponsabilidad y trabajo de equipo, ambos intenten implicarse y apoyarse mutuamente, definiendo una repartición de tareas que para ambos resulte justa.

6. Cambios corporales y psíquicos que dificultan la sexualidad: volverse mamá es un antiafrodisíaco para las mujeres ya que durante la lactancia la prolactina inhibe su deseo sexual y dificulta la capacidad para lubricarse y porque al estar en torno a otros todo el día, poco y nada, se conectan con la mujer y el deseo de ésta, sintiéndose constantemente demandadas. Resultado: al acercarse su pareja pidiendo intimidad lo ven como una exigencia y no como una posibilidad de disfrute personal.

Mi consejo: ayude a que su mujer descanse y tenga un espacio personal, cree citas románticas, mímela harto y no vaya directo al grano (hágale haaarto cariño no genital). Y por sobre todo, no se olvide de un buen masaje y un buen lubricante.